198. Celda prémium
Nuria
Hacía frío. Un frío que no venía del aire, sino de las paredes demasiado limpias de ese lugar.
La celda era grande, iluminada artificialmente, con una cama limpia, baño privado y una bandeja con comida que parecía salida de un restaurante de lujo.
Pero seguía siendo una celda.
La manija no giraba. La ventana no se abría. Y la libertad... esa estaba encerrada conmigo.
No toqué la comida. Ni bebí agua. Sabía cómo jugaba el Supremo. A veces, el arma era más sutil que una cadena.
Y yo me nega