114. Fuego y hambre
Nuria
La cocina de la mansión estaba silenciosa, envuelta en una suave penumbra de las luces nocturnas. La mayoría de los sirvientes ya se habían recogido, dejando aquel espacio enorme solo para nosotros dos. Podía sentir su mirada en mi espalda desde el momento en que abrí el refrigerador.
"¿De verdad vas a cocinar algo ahora?", la voz de Stefanos llegó perezosa, arrastrada, como si fuera un felino desparramado en la esquina de la sala.
Me giré, sosteniendo un tazón de verduras.
"Sí. ¿Algún pr