La puerta de roble de la mansión se abrió ante mí, y el contraste entre el mundo exterior, cargado de lluvia, secretos y la piel de James todavía palpitando bajo mis dedos, y la atmósfera controlada del hogar Kensington, fue un golpe que me dejó sin aire. El recibidor olía a cera de muebles y a esa fragancia impersonal y cara que Parker elegía para cada rincón de nuestra existencia.
Caminé hacia el salón, con el corazón martilleando contra mis costillas, lista para cualquier interrogatorio, cual