—En un hotel.
—Quédate en casa de mis padres. —El anciano la miró—. Mis papás quieren conocerte.
—Acepto.
Virginia llamó a sus padres que apenas supieron, corrieron a la clínica, yo les dije a mis amigos que no paraban de llamar y ya más calmados siguieron con el cumpleaños. Después de todo, no hemos almorzado y ya son las cinco de la tarde.
—Virginia debes comer.
—Ahora cuando vea que Eros está bien, que me hable de nuevo y ahí sí como, mientras tanto, no me pasa nada. —La abracé y la besé.
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