Esperaba en la recepción al lado de César a que Fernanda se dignara a bajar, nos habían invitado a una cena con los inversionistas, volvería a verla. Así tenga novio, tembló bajo mis brazos. Vimos al señor Ezio y al novio de Virginia, el anciano parecía algo molesto. No nos había visto.
—¡Y no pudiste persuadir a Virginia! —César y yo nos miramos.
—Papá ya la conoces, la acorralaste, era mejor que se fuera.
—Es importante que aclare todo.
—Dale tiempo, Eros también la presiona.
Crucé la mirada