Eduardo estaba en su habitación preparando su equipaje, cuando escucho como se abría la puerta de su habitación, mirando con una sonrisa forzada a su mamá, quien enseguida fue a abrazarlo.
- Yo… sé que merezco tu repudio por lo que hice, pero... - empezó a decir el rubio, pero noto que su madre busco silenciarlo colocándole su dedo índice sobre sus labios, mientras ella le sonreía y acariciaba su rostro.
- Nadie puede ordenarle al amor a quien amar y a quien no, hijo – hablo ella buscando limpi