Las luces de la biblioteca se habían atenuado hacía cinco minutos. Claire estaba de pie detrás del pulido escritorio de roble, con los dedos moviéndose nerviosos ante el reconfortante orden de la biblioteca. Las hileras de libros silenciosos proyectaban sombras largas. El silencio tenía peso.
*Ding* —la campana de la puerta sonó—. Ella giró rápidamente.
Allí estaba él. Rowan. Pantalones vaqueros impecables, chaqueta de cuero y los labios curvados en esa sonrisa torcida. Noches como esta —y pers