Lo miro. Él me mira con asombro. Pasa un momento y empiezo a preguntarme si está loco.
Finalmente habla.
—Ese fue el mejor sueño que he tenido jamás—, dice.
Me siento aliviada. Él me agarra los brazos y se sienta rápidamente, con su pene todavía dentro de mí.
—Eres una especie de adicta a los penes, ¿no?—, dice con voz ronca y luego me besa con fuerza antes de que pueda responder. Eso me excita muchísimo.
Deja de besarme para levantarme de encima de él y ponerme en cuatro, de cara a la ventana