.11.
Me relamí los labios y sacudí la cabeza.
Salí del armario, vestidor, o lo que fuese, y vislumbré la puerta que comunicaba con la habitación del amo Caine.
«¡Vamos, Maddy, no te acobardes ahora, toma al toro por los cuernos! ¡Hazlo por ti, por tu hermanito, por tu familia!, por lo que quieras, ¡pero hazlo!» ―me animé tras un último momento de debilidad mental, en el que mis latidos se alteraron y el pecho se me estrujo.
Concentrada en seguir adelante, di un paso hacia la puerta. Matthews me dijo