.12.
―Vamos a la ducha, necesito quitarme el estrés del trabajo. Así que, mi dulzura tiene que encargarse de su amo, ¿verdad? ―inquirió retorico, con la ceja alzada y una expresión entre divertida y salvaje que relucía en sus ojos y su gesto.
Asentí.
El corazón me pulsó más deprisa al escucharlo, al sentirlo cerca.
Me hizo subirme a sus piernas, sin perderme de vista, con un ligero movimiento, me deslicé sobre sus muslos, sentándome en sus tibias piernas que tan bien me acogieron. El pulso se me alt