La noche había caído sobre la mansión De Santos, trayendo consigo un aire de solemnidad y tristeza. La jornada había sido agotadora, llena de decisiones difíciles y emociones abrumadoras. Isabella, después de haber dejado todo listo para el sepelio y el funeral de Carlos, finalmente regresó a casa. Al entrar, sintió un nudo en el estómago, una mezcla de dolor por la pérdida de su esposo y una pequeña chispa de satisfacción al ver lo que consideraba una oportunidad para asegurar el futuro de sus