El primer día en la Universidad de Columbia amaneció con una niebla persistente que envolvía los edificios neoclásicos de Morningside Heights. Para Elara, esa bruma era un refugio. Se miró al espejo de la cabaña un último instante; no había rastro de la seda ni de las joyas que Dante solía imponerle. Vestía unos vaqueros oscuros, una camisa de lino blanco y una chaqueta de punto gris. Había recogido su cabello castaño en una coleta tirante, renunciando a cualquier maquillaje que no fuera un poc