El pasillo en penumbras parecía encogerse con cada uno de sus pasos. Dante avanzaba en silencio, con la mandíbula tan apretada que los músculos de su rostro dibujaban líneas rígidas bajo la escasa luz lunar que se filtraba por el ventanal del fondo. En sus manos no llevaba nada, pero en su mente cargaba con el peso de veintisiete años de secretos, humillaciones y el eco de una venganza dinástica que había destruido la vida de la única mujer que amaba.
Al llegar frente a la puerta de la alco