Una noche más sin la menor tranquilidad
No hubo pesadillas, pero tampoco descanso real. Leyla durmió en fragmentos, despertando cada cierto tiempo con la sensación de que algo la observaba desde dentro, no desde fuera. No era amenaza. Era presencia.
El vínculo no dormía.
Abrió los ojos cuando el cielo aún no había aclarado del todo. El dúplex estaba en silencio, un silencio distinto al de otros refugios temporales. No era el silencio del abandono ni el de la vigilancia constante. Era un silencio