—Esa mujer en serio necesita un marido —dijo una voz masculina que se aproximaba—. Alguien necesitaba controlarla de una vez por todas.
Maverick frunció el ceño al tiempo que se volvía hacia la puerta de la oficina del gerente.
¿Desde cuándo los maridos están para controlar a sus esposas?
No necesitaba siquiera pensar demasiado en ello. Si algo lo definía, era su disciplina, su control… pero jamás había entendido ese tipo de mentalidad hacia las mujeres. Para él, el respeto no era negociable.
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