El arroz con papa pasó en seco por la garganta de Virginia, quien se apresuró a tomar un trago de agua.
La comida estaba deliciosa.
En cualquier otra circunstancia, probablemente habría disfrutado cada bocado de aquel platillo, pero en ese momento apenas podía concentrarse en lo que tenía frente a ella. La tensión que flotaba alrededor de la mesa era tan densa que, en opinión de Virginia, bien podría haberse cortado con un cuchillo de mantequilla.
Y no era la única que lo sentía.
Los dos hombre