El estridente sonido del despertador aún no había comenzado a sonar cuando una tibia franja de luz consiguió abrirse paso entre las gruesas cortinas de la habitación.
El rayo de sol avanzó lentamente por el suelo de madera hasta alcanzar la enorme cama ubicada contra la pared del fondo. Recorrió las sábanas oscuras, trepó por la almohada y terminó deslizándose sobre el rostro del hombre que dormía profundamente.
Jason frunció el ceño.
Un leve gruñido escapó de su garganta antes de girarse sobre