La habitación de Sofía era un santuario de seda y terciopelo, pero esa noche se sentía como una celda tapizada.
Estaba sola, esperando sin saber qué realmente.
El aire nocturno vibraba con la tensión que había dejado el devastador encuentro con Daryel.
Las palabras de su hermana resonaban en su mente una y otra vez: “Mafia”, “delitos”, “manchado de sangre”.
Sus palabras hirientes, eran fantasmas helados que luchaban contra el recuerdo ardiente de lo sucedido entre ella y Alesaandro.
¿Había sido