55 - No hay tiempo para distracciones.
Pablo observaba desde su coche, estacionado a una distancia prudente, mientras el portón principal se abría y Valeria salía. Su figura elegante y estilizada contrastaba con la opulencia de la mansión. Sabía que aquella residencia pertenecía a la familia De Lucca, y más específicamente, era el refugio del patriarca, Vittorio De Lucca. El simple hecho de que Valeria hubiera estado allí despertaba en él una profunda inquietud.
Pablo encendió un cigarrillo, inhalando profundamente mientras mantenía