DANTE
Días antes...
El trozo de la portada de una revista yacía arrugado bajo mi puño. La tensión recorría mis dedos y podía escuchar cómo el papel crujía bajo la presión. La sangre en mis venas hervía.
—No puede ser... —mascullé entre dientes.
Mis ojos se detuvieron en la primera página, aún intacta, que quedaba sobre la mesa de centro. Las palabras impresas me gritaban, cada línea como un maldito recordatorio de algo que prefería enterrar.
"Las acaudaladas familias Murphy y Coleman, dueños de