Capítulo 38
El taxi avanza a toda velocidad por la autopista mojada hacia el aeropuerto. Mis ojos arden por la falta de sueño y por el rastro de las lágrimas que se me han secado durante el trayecto. El encuentro con Dante en la habitación del hotel todavía palpita en mi cuerpo; puedo sentir su peso, su calor y esa promesa silenciosa de protección que resultó ser una completa mentira envuelta en deber.
Sin embargo, en el fondo de mi alma me queda esa pequeña esperanza, por muy estúpida que pa