PUNTO DE VISTA DE JASON
El mapa ya no era solo un mapa. Se había convertido en una entidad viva y palpitante de sospecha. Chinches negras para las conexiones financieras. Hilos rojos para los agentes sospechosos. Un chinche verde, recién colocado, para el “consultor espiritual” del capataz de Ridgepoint. Y ahora, seis chinches grises, agrupadas en el ala de invitados de la Ciudadela, para las Hermanas de la Misericordia Velada.
Mi sala de guerra se había transformado en un santuario de paranoia, y yo era su sumo sacerdote.
Alistair estaba de pie frente a mí, el rostro endurecido por la luz de las lámparas.
—Hemos rastreado su ruta. Vienen de la Ciudad Libre de Valen, como afirman. Pero hay un vacío de doce días en su viaje en el que simplemente… desaparecieron. No hay registros en las posadas habituales.
—¿Adónde fueron? —pregunté, siguiendo con el dedo la ruta probable sobre el mapa.
—Hay un antiguo priorato abandonado en el Bosque Susurrante. Fuera del camino principal. Los lugareño