La ciudad portuaria olía a sal, a gasóleo y a lluvia reciente. Era un lugar de paso, de contenedores apilados como tumbas de colores y rostros anónimos de todas partes. Perfecto. El coche oxidado murió con un último estertor cerca de una chatarrería. Lo dejé allí, una pieza más de chatarra entre montañas de ella.
La dirección de Lena me llevó a un distrito de almacenes reformados y estudios de artistas. La caja de seguridad no estaba en un banco, sino en una empresa de logística discreta que ha