PUNTO DE VISTA DE LOE
El mapa no tiene fin. Esta es la primera y última verdad de un Observador.
Sentado en la torre que ahora era mi dominio, rodeado por las capas de nuestro mundo —flujos, grietas, vitalidad, canciones, caminos—, comprendí que la obra nunca estaría terminada. Los ríos cambiaban de curso. Nuevas conexiones brotaban como raíces. Las viejas heridas, como el cristal de la montaña, persistían como recordatorios silenciosos. Mi padre había creído que estaba construyendo un jardín.