PUNTO DE VISTA DE LOE
El mapa no tiene fin. Esta es la primera y última verdad de un Observador.
Sentado en la torre que ahora era mi dominio, rodeado por las capas de nuestro mundo —flujos, grietas, vitalidad, canciones, caminos—, comprendí que la obra nunca estaría terminada. Los ríos cambiaban de curso. Nuevas conexiones brotaban como raíces. Las viejas heridas, como el cristal de la montaña, persistían como recordatorios silenciosos. Mi padre había creído que estaba construyendo un jardín. Yo sabía que estábamos navegando un organismo vivo, y mi trabajo era trazar su respiración, latido a latido.
Scott, mi hermano perpetuo y mi contraparte perfecta, ya no vivía en la Ciudadela. Había convertido el antiguo carruaje real en una caravana rodante y viajaba de nodo en nodo, de clan en clan, un mensajero de alegría y un solucionador de problemas prácticos. Donde iba, las pequeñas fricciones que mi mapa nunca detectaba —un pozo compartido que necesitaba una nueva polea, un malentendido s