PUNTO DE VISTA DE KIRA
El silencio después de la plaga fue el más profundo que habíamos conocido. No era paz. Era el silencio de un cuerpo después de una convulsión, cada nervio en carne viva, cada músculo temblando por el esfuerzo agotado. La Ciudadela era una convaleciente. La ciudad baja apestaba a vinagre y duelo. Los campos que habíamos salvado eran una esperanza, no una cosecha.
Lysandra durmió dos días, y despertó viéndose una década mayor, sus ojos lechosos nublados por un dolor que no tenía nada que ver con el cuerpo. "Sentí su mente", me susurró, su voz un hilo. "En el patrón de la plaga. Es... vasta. Fría. Como un glaciar de pensamiento. No hay odio en ella. Solo la terrible y paciente presión de una idea".
El Arquitecto no estaba enojado. Estaba recalculando. Nuestra resistencia había sido una variable inesperada, un pico de ruido en su limpio flujo de datos. Ajustaría sus modelos. La siguiente prueba sería más elegante, más ineludible.
Y estábamos tan cansados.
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