PUNTO DE VISTA DE JASON
El silencio era un mentiroso.
Se extendió sobre la Ciudadela en los días posteriores a nuestro regreso, como una manta espesa y sofocante. Los gritos habían desaparecido. El zumbido psíquico había desaparecido. El aullido en el bosque había desaparecido. Pero el silencio que dejaron atrás no era paz. Era el aliento contenido después de una avalancha, esperando descubrir qué había quedado sepultado bajo la nieve.
Mis días se convirtieron en un registro meticuloso y agotador. Informes de seguridad. Indagaciones discretas sobre los centinelas desaparecidos. La silenciosa y vigilante integración de los guerreros Nax de Castor en nuestras rotaciones de patrulla: un recordatorio permanente y áspero de la nueva realidad. Los Ancianos, humillados por la casi catástrofe y por las pruebas de manipulación externa, me concedieron mayor libertad de acción, pero sus miradas seguían cargadas de preguntas no formuladas. La principal de ellas: ¿y ahora qué?
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