El baño estaba en silencio, roto solo por la respiración irregular de Fiorina.
Fiorina apoyó ambas manos temblorosas sobre el lavabo de mármol y alzó la mirada hacia el espejo. La imagen que le devolvió el reflejo la hizo tragar saliva.
El cabello castaño estaba revuelto, los labios rojizos, hinchados, los ojos verdes brillantes, abiertos de más. Su pecho subía y bajaba con rapidez, como si acabara de correr varios cientos de metros.
Tum~ Tum~
El corazón le golpeaba con fuerza.
—Maldici