Fiorina abrió sus ojos de par en par, ante las palabras de su jefe.
—¡¿IR DONDE SU FAMILIA?! ¡¿YA?!
—Sí. Y no finja sorpresa, sabía que esto pasaría, señorita Cassini.
—¡Pero usted dio otra fecha y…!
—Hubo un cambio de planes —la interrumpió él—. Es todo, adáptece, esto es un trabajo más.
La mujer castaña frunció el ceño.
—¡Pero… No puedo ir en estas condiciones! ¡Me niego a presentarme ante su familia, vestida así! ¿Qué quiere que piensen de mí o de usted?
Giorgio no le res