Fiorina abrió sus ojos de par en par, ante las palabras de su jefe.
—¡¿IR DONDE SU FAMILIA?! ¡¿YA?!
—Sí. Y no finja sorpresa, sabía que esto pasaría, señorita Cassini.
—¡Pero usted dio otra fecha y…!
—Hubo un cambio de planes —la interrumpió él—. Es todo, adáptece, esto es un trabajo más.
La mujer castaña frunció el ceño.
—¡Pero… No puedo ir en estas condiciones! ¡Me niego a presentarme ante su familia, vestida así! ¿Qué quiere que piensen de mí o de usted?
Giorgio no le respondió al instante, el CEO bajó de su vehículo, rodeó el Ferrari y le abrió la puerta a Fiorina.
—Baje y sígame.
Ella tomó su bolso y bajó, haciendo tal cual indicó su jefe.
"Este hombre solo es exigir y mandar, con esa aura de que todo tiene que ser a su manera o hay consecuencias…"
Pensó ella exhalando, llevando una de sus manos a su nuca, sintiendo el cansancio acumulado del día.
Y fue cuando el portero de un elegante y llamativo edificio colorido. Abrió la puerta para ellos.