Él se detuvo, el silencio se volvió intenso, profundo, y tragó saliva con dificultad.
—No me voy —respondió—. Solo voy a la cocina y vuelvo.
—Prométemelo.
Giorgio la miró largo rato, la intensidad de su mirada gris casi desnuda su alma.
—Te lo prometo.
…………
Él volvió rápido con un vaso en la mano. Se sentó en el borde de la cama, ayudándola a beber. Sus dedos rozaron los de ella en un contacto sutil pero lleno de electricidad.
Fiorina lo miró más tiempo del que debía, conscient