76. AMANTES DE PASO
TRINITY
No importaba cuánto intentara entretenerme con su charla, prestándome de su ropa, mostrándome la habitación y el acogedor baño, mi mente siempre estaba en Nathan.
Temía por él, por su vida, por nosotros, por mi responsabilidad en todo este asunto.
Con la mente hecha un caos, me quedé al fin sola.
Me senté en la cama y miré a la oscura noche, aguardando, con el corazón en un puño, pensando en todo lo ocurrido, por un tiempo indefinido.
—Vamos, arriba ese espíritu, tú solita te metiste en