—Emil, despierta —susurra, sacudiéndolo suavemente—. Emil…—insiste cuando no logra despertarlo a la primera.
Ante la insisitencia del movimiento y el llamado de su hermana, Emil entreabre los ojos, confuso y desorientado. Parpadeando varias veces, busca que su mirada se acostumbre a la luz y así poder enfocar la vista en su hermana mayor.
—¿Qué hora es? —pregunta, su voz arrastrada por el sueño y el alcohol.
—Tarde—, asegura mientras retira la mano que lo movía y mira fijamente a Emil—. Debería