Vanessa entró al hospital con el corazón acelerado y sus ideas a mil por hora, sus pasos resonando en el pasillo. Las luces blancas y frías se reflejaban en las paredes igualmente blancas, acentuando la sensación de ansiedad que la embargaba. Al girar en una esquina, sus ojos se encontraron con los de Tatiana y su madre, sentadas en una de las sillas de la sala de espera.
Al ver a su hermana, Tatiana se levantó de inmediato para acercarse, pero su madre solo la miró mientras se mantenía sentada