Observo a mi alrededor, los rayos del sol se cuelan por la ventana y en la habitación no hay nadie más que yo, por un momento pensé que Alexander estaba aquí, que era él quien me besaba y acariciaba, toco mi cuello y cierro los ojos al recordar la dulce sensación.
—¡Como puedes ser tan estúpida Amy!—Me reprendo—Ya basta, quiérete un poco y deja de pensar en él. Hoy lo enfrentaras y le dirás lo infeliz que es , te ha quitado tu hogar sin remordimiento, te ha chantajeado a su antojo, ya basta d