Sabrina se quedó muda de asombro.
¿De dónde venía eso de repente? ¿Cómo iba a decirle que la amaba? ¿Amor? ¿Estaba hablando de Amor en serio?
Su corazón quería saltar sobre él y gritarle ¡Yo también te quiero! Pero su cerebro le dijo que se respetara a sí misma.
—¿Qué estás diciendo? Estoy tratando de decirte que estamos en el estacionamiento y tú deberías liderar el camino y tú estás... estás. Diciendo que...
—Te quiero —volvió a interrumpirla. Esta vez su sonrisa se ensanchó.
—Sí, me acabo de