Narra Helen.
La rica brisa se colocaba por la ventana, abrí los ojos con pesadez, me había costado conciliar el sueño porque no era fácil dormir con alguien desconocido.
Tome una ducha y cuando salí, ya Margarita venía con el desayuno a la cama
—¿Qué haces Margarita trayendo el desayuno a la habitación?—Pregunté con asombró. Todo este tiempo había desayunado como la servidumbre.
—Son órdenes del señor, señora.—me dijo con la mirada bajá.
—No me digas señora sabes que me llamo Helen no es necesa