Narra Helen.
Estamos todos sentados en el jardín de la mansión para despedirnos de New York, y no es que no los fuéramos a ver más, pues no, solo que seguramente con el montón de trabajo que tendría ahora Gonzalo, además de que mi madre y José habían montado un negocio de comida, y lo lejos que íbamos a estar, iba a ser casi imposible vernos, y pues me dolía en el alma por mamá, pero me iba sabiendo que no iba a estar sola, gracias al cielo se había conseguido a un compañero de vida, el cual la