Narra Helen.
Las flores del jardín revoloteaban a toda magnitud, que parecía que la brisa iba a desprenderla de sus raíces. Yo estaba sentada mirando a mis hermosos hijos mientras los veía jugar con ellas. Había tanta paz en este lugar, que parecía que nunca habíamos sufrido tanto, las cicatrices estaban ahí, pero secas. Dylan acariciaba mi panza con todo el amor del mundo, al fin había accedido a dejarme comer un poco de pizza así que lo estaba aprovechando. Y hoy les digo que todos los embara