Jean Pol la observa en silencio durante unos segundos que se sienten más largos de lo que deberían, como si cada latido del corazón de Amara estuviera siendo medido, analizado, utilizado en su contra, como si él no solo estuviera evaluando su respuesta sino calculando con precisión quirúrgica cuánto más puede presionarla antes de quebrarla definitivamente, y cuando finalmente habla, lo hace con una calma que no tranquiliza, sino que anticipa algo peor.
–Eso lo veremos –dice, con una suavidad qu