–Te he dicho de mil maneras lo que siento, Amara. –su voz es baja, pero firme, como si estuviera luchando contra un impulso interior que lo empuja a decir más de lo que debería. –Mi corazón te pertenece, pero no voy a seguir viviendo de rodillas, esperando que me des algo que nunca podrás darme, que nunca quisiste darme.
La rabia empieza a surgir en él, como un fuego que se enciende rápidamente, incapaz de ser sofocado. Cada palabra que sale de su boca parece un intento de liberarse de un pes