A unos pasos, Sophie observa la escena con las manos apretadas contra su boca, temblando como si fuera ella quien acaba de regresar del umbral de la muerte. Sus ojos están fijos en la cama, en el cuerpo de Liam que respira con dificultad, rodeado de monitores, cables y voces que todavía suenan como ecos de una batalla recién librada. El pecho le arde de alivio, pero ese alivio es tan frágil que se convierte enseguida en un miedo nuevo, agudo, voraz.
El pensamiento la golpea como un rayo: ¿cuán