Una semana después, la recuperación de Liam avanza con una rapidez que sorprende incluso a los médicos. El color regresa poco a poco a su piel, sus pasos ganan firmeza y su voz, aunque todavía áspera, recupera la profundidad que tanto lo caracteriza. Pero Amara sabe que no es solo el cuerpo el que necesita sanar: es el alma, desgarrada por la exposición pública, por las mentiras que corren como fuego en los titulares.
Ella no lo abandona ni un solo instante. Se sienta junto a su cama cuando él