El paso de los días no trae alivio, sino una cercanía peligrosa que crece en silencio, casi imperceptible al principio, pero cada vez más evidente en los pequeños gestos que comienzan a repetirse entre Liam y Jennifer, en esas conversaciones que ya no se limitan a lo superficial, en esas miradas que se sostienen un segundo más de lo necesario y que, aunque ninguno de los dos lo admite en voz alta, empiezan a construir un vínculo que no debería existir y que, sin embargo, se vuelve cada vez más