–¡Carajo! –ruge Liam, lanzando una silla contra la pared con una furia apenas contenida. – ¡Lo estamos siguiendo desde que puso un pie fuera de esa maldita casa! Teníamos un rastro claro, firme… y ahora, de la nada, se esfuma. Como si nunca hubiera estado allí. ¡Nos traicionó, Sophie!
Sophie se pone de pie con lentitud, con esa calma forzada que adopta cuando todo parece desmoronarse. –Liam, basta. No sabes si es así. No todavía –dice en voz baja, aunque por dentro su propia ansiedad comienza