Un silencio tenso se instala entre ellos. Amara continúa, bajando ligeramente la mirada, como si se hablara a sí misma. –La vida siempre me enseñó que debía ser ruda, que no podía mostrar debilidad, porque entonces me devorarían. Y lo aprendí a golpes, a mentiras, a traiciones.
Liam aprieta la mandíbula, sintiendo un nudo en el estómago. Su voz, grave y cargada de un dolor antiguo, rompe el aire. –Amara, cuando te secuestraron… mi vida se vino abajo. Pensé que te había perdido para siempre. Y