En el refugio, la noche cae con un peso extraño, como si el aire se volviera más espeso y obligara a todos a respirar despacio, pero nadie tiene sueño. La casa está iluminada apenas por las lámparas bajas que dejaron encendidas para que Lucero no se despierte sobresaltada, y aun así parece demasiado silenciosa, demasiado consciente de cada respiración, de cada movimiento, de cada sombra detrás de las cortinas. Liam camina de un lado a otro en la cocina con el celular en la mano, actualizando ti