La oscuridad lo tragó todo.
No podía sentir mis manos. No podía respirar.
Aunque estaba completamente inconsciente, flotando en un vacío pesado, aún podía escuchar sonidos distantes.
El aroma penetrante y sofocante de los químicos todavía me quemaba los pulmones. Mi cuerpo se sentía completamente ingrávido, siendo arrastrado a algún lugar frío y húmedo mientras la lluvia golpeaba violentamente contra el metal cercano.
—El paquete está seguro.
—Movámonos más rápido.
—¿Crees que Vane ya lo sepa?