Valentina despertó con una sensación extraña, pesada, como si su cuerpo hubiese sido atropellado en un accidente. Tardó unos segundos en abrir los ojos, y cuando lo hizo, lo primero que vio no fue su habitación ni el techo familiar de su casa. Era un cuarto desconocido y una luz infernal que entraba por la cortina mal cerrada.
Parpadeó varias veces, intentando ubicarse. El silencio era distinto al de su hogar. Entonces se movió, y fue en ese gesto simple cuando lo notó.
Estaba desnuda.
El aire