Alicia era astuta. Sabía exactamente qué quería conseguir esa tarde y también sabía que, aunque no lograría tenerlo por completo, podía dejarle un recuerdo que lo persiguiera día y noche. Algo que lo perturbara incluso en sus momentos más íntimos. Con ese objetivo, deslizó suavemente la mano de Ares lejos de su propia entrepierna y dejó que fuese la suya la que comenzara a estimularlo a través del pantalón.
El cuerpo de Ares reaccionó de inmediato. Alicia sintió cómo la humedad la invadía; habí