Ares se despertó con una ligera angustia que le apretaba el pecho. Ese día tenía que revisar al sobrino de Agnes, lo que significaba que inevitablemente vería a su madre. Alicia había estado extrañamente tranquila durante las últimas semanas; no lo acosaba, no buscaba excusas para hablarle, ni aparecía en el hospital para provocarlo. Aunque eso le daba cierta paz, también lo inquietaba. No confiaba en ella.
Al mes de haberse enterado de que Agnes estaba embarazada, ella había intentado acompaña