El tiempo comenzó a cambiar sin que nadie lo notara.
Ya no pesaba como antes, ni se sentía apresurado. Avanzaba con una calma distinta, como si la vida hubiera decidido concederles una tregua después de tanto desorden emocional. Las semanas pasaban una tras otra, no marcadas por el reloj, sino por pequeños momentos: una decisión tomada sin miedo, una risa compartida, una ilusión que se volvía cada día más real.
La fecha de la boda quedó fijada con premura.
Tres meses exactos.
Justo cuando Agnes